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La Semana Mundial de la Alergia se celebra del 21 al 27 de junio de 2026, organizada anualmente por la Organización Mundial de la Alergia (WAO).

Este año el lema oficial es: “El cuidado de la alergia es un cuidado esencial”, siendo una de las bases el priorizar los tratamientos adecuados, entre los que está la adrenalina para el tratamiento de la anafilaxia.

El acceso a la adrenalina es básico para la seguridad del paciente con alergia a medicamentos, himenópteros o alimentos. En este contexto, la presentación nasal, aprobada en 2024 por la Agencia Europea del Medicamento EMA pero aún no comercializada en España, ofrece ventajas frente a la autoinyección intramuscular.

Este año 2026, la Semana Mundial de la Alergia se celebra del 21 al 27 de junio. Organizada anualmente por la Organización Mundial de la AlergiaWAO por sus siglas en inglés (federación internacional que engloba a 116 organizaciones regionales y nacionales de alergología e inmunología clínica de todo el mundo), la Semana Mundial de la Alergia es una campaña global que busca educar y concienciar a la población sobre el impacto de las enfermedades alérgicas en la salud pública global.

Este año el lema oficial es: “El cuidado de la alergia es un cuidado esencial”. Con este lema, la WAO pretende concienciar para:

  1. garantizar el acceso equitativo al especialista para un diagnóstico preciso a través de priorizar la alergia en la salud pública global,
  2. priorizar los tratamientos esenciales adecuados, entre los que están la inmunoterapia y la adrenalina para tratar la anafilaxia (reacción grave, súbita y potencialmente mortal en minutos) y
  3. visibilizar el impacto y prevalencia de la enfermedad alérgica

¿Qué es la anafilaxia y por qué la adrenalina es un tratamiento esencial para el paciente alérgico?

La anafilaxia es la reacción alérgica más grave que se puede producir ya que compromete la vida en pocos minutos, y requiere de un tratamiento precoz con adrenalina para que se resuelva satisfactoriamente. En España a día de hoy la anafilaxia sigue siendo mortal en un 2% de los casos. La anafilaxia se produce mayoritariamente en pacientes alérgicos a alimentos, a picaduras de himenópteros (abejas y avispas) y a medicamentos.

La adrenalina es el fármaco de elección en el tratamiento de la anafilaxia por revertir de forma rápida y eficaz la reacción anafiláctica. En España los autoinyectores de adrenalina intramuscular están comercializados desde hace más de 2 décadas y los pacientes alérgicos deben tener prescritas 2 unidades de autoinyectores obligatoriamente desde 2015.

¿Qué es la adrenalina nasal y dónde se comercializa?

La adrenalina nasal es un espray nasal de dosis única diseñado para uso del paciente alérgico ante una emergencia sanitaria consistente en la reacción de anafilaxia.

En junio de 2024 la EMA aprobó la presentación de adrenalina nasal para adultos y niños de más de 30 kg, autorizando su comercialización al fabricante (que tiene la patente hasta 2039) en agosto de 2024 para la presentación de 2 mg. En enero de 2026, la EMA autorizó la presentación pediátrica para niños pequeños de 15 a 30 kg (a partir de 4 años de edad), extendiendo la autorización de su comercialización en marzo de 2026 para la presentación de 1mg.

Han pasado 2 años desde entonces y la presentación nasal ya está comercializada en países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón y China. En Europa, Alemania fue el país pionero en iniciar la comercialización en junio de 2025, seguido por Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Países Bajos, Luxemburgo y Grecia. En España el fármaco está plenamente autorizado a nivel de seguridad por la Agencia Española de Medicamentos AEMPS, pero se encuentra estancado en el proceso de fijación de precio y financiación por el Ministerio de Sanidad.

¿Qué ventajas tiene la adrenalina nasal frente al autoinyector?

La adrenalina nasal presenta ventajas clínicas, de uso para el paciente y conservación frente a los autoinyectores:

Ventajas Clínicas: La absorción del fármaco se produce de forma sostenida, sin que exista un pico inicial como ocurre con el autoinyector, por lo que mantiene niveles óptimos y estables de adrenalina en sangre durante más tiempo (de 30 a 360 minutos), lo que reduce la posibilidad de sufrir una recaída posterior, y disminuye el riesgo de detonar picos abruptos de hipertensión o arritmias.

Ventajas de Uso: A parte de una mayor facilidad de uso, al eliminar la aguja, evita la resistencia o retraso en la aplicación provocados por miedo a las agujas, y a su vez también elimina la posibilidad de sufrir pinchazos accidentales, desgarros musculares o daños óseos por la inyección. El dispositivo genera una molestia leve, local, reversible y transitoria en la nariz y la garganta (estornudos o congestión), evitando el dolor agudo del pinchazo. El tamaño es mucho menor, siendo fácilmente portable por el paciente.

Ventajas de Conservación: La presentación es más estable frente a cambios de temperaturas, soportando temperaturas extremas por varios meses y pudiéndose congelar. Además tiene una vida útil de 30 meses frente a los 18 meses de los autoinyectores, lo que reduce la frecuencia de renovación y el gasto para el paciente.

La alergia es una enfermedad por la que el sistema inmunológico reacciona por error con una respuesta de inflamación, exacerbada y anómala, frente a una molécula inocua llamada alérgeno, que generalmente es una proteína. Cuando el alérgeno está contenido en un alimento, la alergia se denomina “alimentaria”. La alergia alimentaria se cataloga de “enfermedad alérgica de riesgo vital” ya que, junto con la “alergia a medicamentos” y la “alergia a himenópteros” (abejas y avispas), es una de las principales causas de anafilaxia (reacción alérgica grave, súbita e impredecible que compromete la vida en cuestión de minutos).

A día de hoy, no existe debate sobre que la alergia supone una crisis de salud pública global.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de la Alergia (WAO) estiman que para el año 2050, la mitad de la población del planeta padecerá alguna enfermedad alérgica (rinoconjuntivitis, asma, alergia a medicamentos, urticaria y angioedema, alergia alimentaria, dermatitis de contacto y atópica, alergia a himenópteros), donde el mayor incremento porcentual se estima que se producirá para la alergia alimentaria, cuya prevalencia ya se sitúa en 520 millones de personas en todo el mundo, de los que 17 millones son europeos.

Una epidemia silenciosa y silenciada

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, SEAIC, arrojaba hace 10 años en su estudio “Alergológica 2015” (datos que están siendo actualizados este año), cifras preocupantes sobre la prevalencia de las enfermedades alérgicas en España, que afectaban ya entonces a un 30% de la población española, estimando en un 10,4% el porcentaje correspondiente a alergia a alimentos.

Datos actuales de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica, SEICAP, estiman que el 8% de la población menor de 14 años en España padece alguna alergia alimentaria actualmente.

Son cifras alarmantes que además están en aumento acelerado a causa de la aparición a nivel mundial de una abrupta pérdida de tolerancia del sistema inmunológico hacia los alimentos, produciendo que se haya multiplicado la prevalencia de alergias alimentarias, desde un 3-4% hasta un 8-10% en el transcurso de apenas dos décadas.

La comunidad científica internacional y las organizaciones y agencias de salud pública llevan años alertando a los gobiernos de la gravedad de esta denominada “segunda ola” de epidemia de alergia mundial (alergia alimentaria), sin conseguir que se estén legislando medidas efectivas para frenar la epidemia, salvo algunas excepciones.

Causas de la segunda ola de la epidemia alérgica (la ola de la alergia alimentaria)

La respuesta es multifactorial, pero se relaciona principalmente con 1) la alteración y menor diversidad de la microbiota intestinal (determinante sobre todo al inicio de la vida), 2) el aumento de la alergenicidad (agresividad) de los alérgenos por causas ambientales, y 3) la transmisión de padres a hijos de la tendencia a desarrollar alergias (atopía), cuya probabilidad puede llegar al 80% si ambos progenitores tienen dicha tendencia.

En concreto:

  • Cambios en el entorno sanitario. Reducen el desarrollo de una microbiota sana el uso de antibióticos (sobre todo durante el embarazo o el primer año de vida) y el aumento de los partos por cesáreas.
  • Cambios en la dieta de los lactantes. A la baja prevalencia de lactancia materna prolongada, y al aumento de dietas poco variadas, bajas en fibra y que incluyen alimentos ultraprocesados (en presencia de aditivos y con procesamiento industrial de proteínas), se les une lo que supuso un desacierto a nivel global: en el año 2000, las principales sociedades pediátricas occidentales recomendaron retrasar la introducción de los alimentos más alergénicos hasta los 3 años de vida, en un intento de frenar la progresión de la alergia alimentaria en niños, pero consiguiendo sin embargo el efecto contrario. Estudios científicos y epidemiológicos han conseguido un cambio completo de paradigma. Sociedades científicas como la Academia Europea de Inmunología Clínica y Alergología, EAACI, postulan la introducción precoz (4-6 meses de vida) de los alimentos más alergénicos, ya no sólo como una recomendación sino como una intervención inmunológica crítica. La teoría de exposición dual de alérgenos explicaría el porqué de no retrasar la introducción de los alimentos más alergénicos y ubicuos en la dieta de los bebés con predisposición atópica: aumentarían las posibilidades de que los bebés entraran en contacto con los alérgenos a través de vías como la respiratoria o la piel, tendentes al desarrollo de una respuesta alérgica, antes que a través de la vía digestiva, que es protectora por estar naturalmente predispuesta a la tolerancia.
  • Cambios ambientales. El cambio climático, el estrés, la contaminación y la falta de exposición ambiental, a animales y a la naturaleza. En este punto conviene matizar la famosa hipótesis de la higiene (1970) que afirmaba que el aumento de alergias estaba relacionado con la ausencia de infecciones en la infancia, y ha evolucionado a modelos más complejos centrados en la biodiversidad de la microbiota humana. Vaya por delante que la higiene salva vidas y es fundamental mantener las recomendaciones higiénicas.

La industrialización está afectando no solo a nuestra salud inmunológica, sino también al legado epigenético y microbiológico que heredarán nuestros hijos, de un modo que aún es difícil de calibrar. Reducir la exposición a la contaminación y al estrés, combinado con un contacto activo con la biodiversidad de la naturaleza, resulta fundamental para el desarrollo de un sistema inmunitario maduro y equilibrado. La clave del futuro está en educar de forma proactiva las defensas de los más pequeños desde sus primeros meses de vida

Un alérgeno es la molécula responsable de la reacción alérgica. La mayoría de los alérgenos que están involucrados en las alergias alimentarias son proteinas contenidas en los alimentos que producen la alergia al paciente, y se denominan sensu stricto «alérgeno alimentario».

De acuerdo con la legislación europea, España está obligada a la declaración de 14 alérgenos alimentarios, pero en la nomenclatura legal se identifica el alérgeno directamente con el nombre del alimento de origen (por ejemplo: pescado, huevo, leche) en lugar de usar el nombre científico de la proteína (parvalbúmina, ovalbúmina o caseína) por razones de utilidad práctica y seguridad del consumidor.

Los 14 «alérgenos alimentarios» o mejor dicho, los 14 alimentos susceptibles de provocar alergias, de declaración obligatoria son:

  1. Crustáceos (gambas, langostinos, cangrejos, etc.)
  2. Huevo
  3. Pescado
  4. Cacahuete
  5. Soja
  6. Gluten (trigo, centeno, cebada, avena, espelta, kamut)
  7. Leche y derivados (incluida la lactosa)
  8. Frutos de cáscara (almendras, avellanas, nueces, anacardos, pistachos, nueces de macadamia, etc.)
  9. Apio
  10. Mostaza
  11. Sésamo
  12. Dióxido de azufre y sulfitos (conservantes)
  13. Altramuces
  14. Moluscos (mejillones, almejas, sepia, calamares, pulpo, etc)

Una alergia alimentaria es lo que su propio nombre indica: una alergia a un alimento. No es necesario que el alimento se ingiera para que provoque alergia, a veces con el contacto o respirándolo, se producen reacciones alérgicas.

No se trata de una intolerancia, que es una enfermedad digestiva menor. Una alergia a un alimento, sin embargo, es una enfermedad catalogada de riesgo vital, dado que los pacientes en contacto con el alimento pueden desarrollar de forma impredecible una reacción grave que se llama anafilaxia, reacción que puede producir una parada cardiorrespiratoria en pocos minutos.

Los pacientes en contacto con el alimento pueden reaccionar de forma leve, moderada o grave. Dependiendo del tipo de reacción que tengan, tienen tres tipos de medicamentos prescritos que deben llevar siempre consigo: antihistamínico, corticoide y adrenalina intramuscular (con la obligatoriedad de llevar dos autoinyectores prescritos desde 2015).